El Xenolito
Una de las múltiples formas que adquiere la Plaga es el Xenolito. Una especie de piedra violeta que, inexplicablemente, parece estar viva. Los mutantes no tardan en descubrir que el Xenolito aumenta sus poderes psíquicos. Es más, ciertas piezas del propio Xenolito poseen poderes propios que pueden ser invocados por los mutantes más desarrollados.
Los humanos también han dado con la fórmula para servirse del Xenolito ya que constituye una inagotable fuente de energía. Además, las propiedades físicas de la piedra son aprovechadas para desarrollar toda clase de tecnologías, incluida aquella que protege los refugios humanos frente a las embestidas de la temible Plaga.
Los mutantes de las urbes
Aunque los humanos que habitan estas ciudades están a salvo de las mutaciones genéticas que produce la Plaga, de cuando en cuando surgen algunas pequeñas alteraciones entre algún miembro de la población.
Los mutantes de rasgos más evidentes son sacrificados sin piedad al nacer, pero, en contadas ocasiones, la mutación sólo afecta a los poderes psíquicos, sin síntomas físicos que puedan delatar al mutante.
Generalmente, las habilidades psíquicas no se manifiestan hasta la pubertad. Dado que los jóvenes de esta edad son conscientes de que sus congéneres no poseen dichos poderes, y de lo peligroso que resultaría revelarlos, suelen ser capaces de ocultar su condición para garantizar su propia seguridad.
Las nuevas urbes
Décadas después de la caída de Esperanza, cinco nuevas urbes humanos resurgen de sus cenizas. Construidas en torno a diversos puestos avanzados repartidos por el mundo, guardan poco en común con aquella magnífica ciudad. Estas metrópolis se protegen de la Plaga con enormes escudos cuya energía es extraída del Xenolito.
Cada una de estas urbes conforma su propia ciudad-estado, bajo el gobierno de una poderosa oligarquía sin lazos políticos o diplomáticos con las otras metrópolis. Estas sociedades no tienen sentido alguno de "democracia". Están completamente jerarquizadas: los ciudadanos de las clases bajas viven hacinados en la base de la ciudad, mientras que los de las clases pudientes ocupan los niveles altos de la urbe.
No existen los cuerpos de policía – es el propio ejército quien hace cumplir las leyes. Pero muchas organizaciones "trabajan" en los confines de las ciudades: gremios, bandas criminales, cultos religiosos, etc. Su influencia sobre la urbe depende de varios factores, entre los que destaca su capacidad para imponer su "ley" con la violencia.
En principio, los mutantes no pueden entrar en las ciudades. Sin embargo, son frecuentes las incursiones en las zonas bajas de la urbe, donde los mutantes intercambian artefactos con poderes por armas humanas u otras tecnologías. La posesión de artefactos mutantes es ilegal (como también lo es su venta a los mutantes), no obstante, casi todas las personas de cierto nivel poseen dichos artilugios y los emplean en beneficio propio cuando lo consideran oportuno…